disgresiones…
Ruiz se mueve con libertad. Prefiere la incoherencia a perder esa libertad. “Estimado” me dice, como es su costumbre. Toma su copa y bebe, nada nos apura, nada puede afectar nuestra tranquilidad. Ruiz se desplaza con fluidez por la conversación. Se va por las ramas, se desliza. Se saca de encima los temas que no le interesan y se prodiga en anécdotas atractivas e iluminadoras.
Primera disgresión: El presidente de Chilefilms, activado por los aperitivos, los abrazos, las actrices y los vinos, desarrolló un discurso que partió explicando la importancia que el pueblo de Chile le asignaba a la visita de estos insignes cineastas para rápidamente desviarse hacia el tema de la belleza de la mujer soviética representada en este grupo y continuar con una verdadera declaración de amor dicha a una de las actrices en un lenguaje un poco ridículo y a veces procaz. El secretario general de Chilefilms se acercó rápidamente al traductor ruso para solicitarle que le diera sus disculpas por el incidente a la delegación de cineastas soviéticos. El intérprete ruso le contestó que no era necesario porque siempre traducía lo mismo en estas ceremonias oficiales. Precisamente en el momento en que el presidente de Chile Films le declaraba su amor a una de las actrices él había traducido en ruso “el pueblo chileno ama la paz y espera que el futuro sea venturoso para ambos pueblos”.
Segunda disgresión: Un hombre entra a un salón de baile. Ve a una mujer de la que se enamora inmediatamente. La mujer está en el otro extremo del salón y para sacarla a bailar debe cruzar completamente la pista de baile. El hombre es muy tímido y cuando llega frente a la mujer que lo ha enamorado se paraliza y confunde sacando a bailar a la hermana que está sentada al lado. El hombre baila con la hermana de la mujer que amaba, la enamora, se casa y vive veinte años con ella.
“Proliferar significa crecer sin orden, dejarse caer, deslizarse. Me voy por las ramas porque no se hacerlo de otra manera”, dice Ruiz.
“Esto no es una declaración de principios. Para mí el deslizamiento es una tentación de la que no me puedo resistir. Por ejemplo ahora. Me imagino que estoy en una conferencia y que no puedo apagar este micrófono y que por él se escucha una voz que viene de un auto de carabineros. Yo le digo que está equivocado y que aquí estamos en una conversación sobre cine. El policía me pregunta cual es el tema que estamos discutiendo; yo le digo que estoy proponiendo eludir el conflicto central e irse por las ramas en la narración.
“El policía me dice que él no está de acuerdo por que la narración debe ser coherente y debe tener conflicto central y si no uno se va por la ramas…en fin, bueno y la conferencia termina con esta discusión con el carabinero del radio patrullas”.
Acordamos que al igual que los pintores la mejor forma de crear es trabajar el material todos los días.
Una rebelión por saturación, por desborde. No se trata de hacer menos sino de hacer más. Se trata de decir que no vamos a hacer un relato desprovisto de elementos anexos sino que vamos a poner 15 relatos en uno.
Al momento de despedirnos caminábamos con Ruiz por la calle vacía rumbo al poniente. Ruiz se había puesto su chaqueta sin reparar en que todavía mantenía remangadas las mangas de la camisa. Se le veían unos pequeños bultos en ambos brazos, justo arriba de los codos. Pasaron varias cuadras en donde no cruzamos palabra alguna. Mejor así, el silencio a veces es el mejor vehículo para la comunicación. Al momento en que nuestros rumbos se separaban, Ruiz la tira: “Ganamos”. Ganamos, dije yo también, sin entender. Pero es cierto, lo supe en ese momento. Ganamos.

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