contra la forma…

manifiesto. Vivimos tiempos en donde se confunde lo simple con lo fácil; lo ya probado con el profesionalismo; tener método con hacer todo al pie de la letra. Tiempos en donde es más fácil botar que reparar, adecuar y poner en valor. Se privilegia un ‘uso adecuado’ y ya no quedan espacios dentro de nuestras casas para la improvisación. Nuestra lectura de las cosas es hipersimplificada, tendemos a homogeneizar, distribuir, facilitar, apurar y abusar del ángulo recto. Finalmente Dionisio ha ganado la batalla.
Dionisio. Lo encontramos en las calles, en casi todos los edificios que vemos a diario, se lo ve dibujado en el perfil de nuestras ciudades, sobre todo de la periferia. Está presente en el trabajo, en el café matutino y en casi todos los objetos con que convivimos día a día. Está en nuestras Aulas, en el Estudio, en las miradas displicentes y sobre todo en el tedio que nos carcome como el peor de los males. Dionisio tiene la cara cuadrada. En él se privilegia el ángulo recto, en una relación con la realidad sin fisuras. Se opta por la caja que declara altanería y desprecio, la sencillez que esconde incompetencia. Dionisio se desentiende de las estructuras y privilegia las ideas instantáneas, el camino corto, y no ya las imágenes. Con él hay discursos. No hay fisuras ni menos figuras.
Apolo. ¿Y dónde diablos está el maricón de Apolo? Apolo se quedó escondido en la arquitectura de los años 70, en algunas casas de Jorge Swinburn Pereira (sólo algunas), en el centro de algunas ciudades que aún no han hechado abajo ni el espíritu extremadamente consumista de los FU, ni doña siútica o el señor alcalde, o los tres juntos. Cuando nos ponemos nostálgicos lo vamos a buscar en las curvas ¿Dónde han quedado las curvas? y las líneas quebradas que aún conservan algunos edificios de Kulchewsky y algunas casas con forma de barco. En algunos accesos de edificios, en algunas plazas (sin pasto ni juegos), en algunos edificios públicos y en alguna finta o algún amague de un jugador valiente que se olvidó de jugar por el resultado.
divergencia. ¿Y porqué no simplemente explorar en los intersticios, en la proliferación de sentidos, en la acción simbólica, en la cultura popular, en las intuiciones sugerentes, en la revuelta, en las razones de la pasión? ¿Y porqué no hacerlo con curiosidad infantil, sin expectativas de rendimiento ni de eficacia? ¿Porqué no aventurarse a proponer con el entorno, con la propia biografía, aunque sea sólo para volver a barajar las cartas?
imágenes. El espectáculo que nos invade se puede resumir en sólo dos imágenes: La primera es la imagen de un pez que se come a otro pez que se come a otro pez que se come a otro pez que se come a otro pez y así sucesivamente hasta el infinito. La segunda es una imagen de otro tiempo de un hombre que bebe apoyado en su lanza. La misma con la que se gana los chuscos de pan y el vino que bebe.
sueños. Somos ese espectáculo que nos invade y que ha llegado a ser nuestra propia vida imaginaria. Un sueño dentro de otro sueño.
deja un comentario