Alberto Sartori Hevia…

Cuando se quiere hablar de Sartori, como de cualquier otra persona en estas circunstancias, uno tiende a buscar imagenes para recordarlo. Pero en su caso también hay sonidos o simplemente ruidos y gestos y muchas cosas más que recordar, de eso estoy seguro. El suyo fue un paso por el mundo con escándalo, en ningún caso pasó inadvertido.
Del lado de las imágenes se ve literalmente a un tipo fuera de lo común, eso sin duda. Se lo ve cruzando el patio de la escuela con un caminar que parecía que estuviera cojeando, como si se tratara de una reciente lesión del último partido de fútbol o de golf o de Ballet o de Atletismo o de Hockey o de lo que fuera, porque lo hizo practicamente todo y con él “todo” era poco. Lo recuerdo con la chaqueta sobre la cabeza imitando, según él, a su esposa al momento de recibir la comunión de cada día en la Iglesia. Lo recuerdo con la corbata verde para el día de Italia. Lo recuerdo con la pierna levantada en 120° imitando un paso de Ballet. Primer requisito para una biografía que no quiera pasar inadvertida: construir una imagen de sí mismo…
Del lado de los sonidos recuerdo su imitación del aullido de un perro. Según él, remedio perfecto para las noches de trabajo solitario en la escuela. También las óperas, los gritos, los retos y los gestos, además de la gran cantidad de sonidos usados para ejemplificar todo tipo de complejas operaciones arquitectónicas, las que seguramente tenían una traducción directa a la forma en un lenguaje propio que nunca pudimos descifrar. Primer requisito para una biografía que no quiera pasar inadvertida: la creación de un lenguaje propio…
No creo que Sartori sea recordado como un arquitecto demasiado relevante en el ámbito nacional a pesar de tener obras en gran cantidad y calidad, ya que fue antes que todo un profesor y es ahí donde pienso derrochó el máximo de sus energías y ganas. Él siempre se sintió cercano a la figura de Kahn (el profesor) y a la de Frank Lloyd Wright (el arquitecto). Es un hecho conocido que sentía gran admiración por ambos. Se podría decir que ellos fueron sus máximos referentes tanto al momento de proyectar como de enseñar. Le gustaba explicar la forma en que Kahn enseñaba, asegurando que la arquitectura se puede enseñar. Todos los que, dada la oportunidad de seguir una carrera docente lo hemos hecho, es porque tenemos de alguna manera la misma convicción.
No me gustaría aquí enumerar las cosas que Sartori nos enseño porque sería tedioso y poco prolijo, pero me quedo con algo que pienso marca de alguna forma la manera que tengo hoy de ver este oficio: Sartori fue el primero que nos hizo ver la importancia de la ‘forma’ de los objetos que producíamos. Siempre nos exigió que nuestros edificios se parecieran a algo. Así un hospital tenía que ‘parecer’ hospital o algo relacionado, lo mismo que una Cineteca o un colegio. Siguiendo, de alguna manera, la línea de enseñanza de John Hejduk en EEUU, en su taller primaba el lenguaje de las formas por sobre el del discurso. Y eso siempre se lo agradeceré. De esta manera las soluciones prestablecidas eran descartadas de antemano y teníamos que trabajar muy duro para encontrar nuevas figuras y estructuras que fuesen llamativas, atractivas y que nos entusiasmaran. Este ejercicio muchas veces se volvió gratuito y sin fundamentos pero sabíamos que con él era mejor arriesgar en los gestos y no pasar por “tímido” en el diseño, equivalente al peor de los males del arquitecto. Quizás toda su filosofía de la enseñanza de la arquitectura se reducía a la de Aristóteles, donde el maestro centra su objetivo en simplemente entusiasmar al alumno, para que éste luego aprenda por sí mismo. Puedo decir con seguridad que ese entusiasmo lo vivimos y que algunos lo seguimos viviendo aún hoy. Desde ese punto de vista el objetivo se cumplió. Primer requisito para una biografía que no quiera pasar inadvertida: la valentía del poeta de se atreve a orinar de rodillas…
Tuvo algunos incursiones en el bloque A de nuesta escuela donde se encuentra el área administrativa y docente. De estas incursiones las últimas fueron como Director de Departamento, donde siempre debido a su personalidad explosiva y sin filtros logró más de algún enemigo. Profesores de nuestra escuela de seguro peores que él tanto dentro como fuera de la cancha.
Sólo queda esperar que sigan existiendo figuras como las de Sartori que nos samarreen y nos saquen de vez en cuando de nuestra cómoda complacencia, aunque nos disguste. Profesores como él se encuentran cada vez menos en el ambiente universitario. De seguro una de las razones por las cuales vemos cada vez menos entusiasmo y ganas entre nuestros alumnos, a quienes les cuesta cada vez más encontrar la fascinación en lo que hacen. Primer requisito para una biografía que no quiera pasar inadvertida: hacer de la propia biografía una propuesta…
Creo que fue Gustav Mahler quien lo dijo: “Los hombres razonables me resultan aburridos, me gustan los que exageran.”
Aplausos.
Me encanta tu blog…