La diferencia entre ganar y perder…
Primer Tiempo
Es el último punto del partido. Basta con servir bien y esperar que el otro se equivoque producto de la presión. Llegar a ese momento ha costado horas y horas de entrenamiento, preparación física y sesiones con el psicólogo. Es el momento cúlmine de todo un proceso. Es sólo un punto. En el partido se han jugado ya cientos, pero es el punto más importante de todos. El que le permitirá “ganar”. Ser mejor que el otro. Sentirse mejor y más calificado. Quizás una de las sensaciones más buscadas de nuestros días. Este caso es especial ya que el otro era el ‘favorito’. El que se suponía tenía que ganar.
Entretiempo
Pero él sabe que no existen los equipos ni los jugadores invencibles. Ni tampoco la historia es para siempre. Inevitablemente se produce la excepción o la inflexión. Basta con analizar la carrera de Federer o Schumacher a quienes se tildó de invencibles, pero que también perdieron en sus mejores momentos.
La clave es lograr que ese momento se pueda producir. Y para lograrlo es necesario igualar las oportunidades, ponerse al mismo nivel en el juego. Que suena fácil pero es muy difícil. Una vez logrado este primer objetivo cualquier cosa puede pasar y el resultado es incierto. Es cuando el favorito deja de ser favorito, básicamente porque pierde su condición de superioridad ante un rival que es capaz de igualarlo (no superarlo aún) en todo o casi todo.
El último ejemplo que recuerdo y que fue muy claro sucedió hace muy poco en Roland Garros en el partido entre Djokovic y Melzer. Este último supo igualarse ante un rival superior, aunque fuera sólo por un momento, aunque fuera sólo en apariencia. Ese sólo hecho le abrió las puertas a la “posibilidad” del triunfo que finalmente logró.
Segundo tiempo
Los ganadores la mayoría de las veces se saben ganadores antes de conocer el desenlace final. Son seguros de sí mismos. De hecho quizás sea la seguridad una de sus máximas virtudes. Cuando los vez a la cara da la sensación de que no se les mueve un músculo, la concentración, la tranquilidad y la paciencia sobre todo la paciencia son sus principales virtudes. Porque a veces para ganar sólo hay que tener la capacidad de esperar que el triunfo te encuentre. Y la mayoría no la tiene. El perdedor en cambio se desespera tratando de lograr algo que no sabe como lograr. Al igual que en arenas movedizas el perdedor mientras más se acelera y descontrola más se entierra en el pozo de la derrota.
Sin embargo, la diferencia entre ganar y perder es apenas un delgado velo a punto de romperse o de ser traspasado. Es una diferencia tan pequeña que parecería que fueran lo mismo cuando en realidad son diferentes tanto como el cielo de la tierra. El triunfo es esquivo y escaso mientras que la derrota te busca constantemente como una amenaza de la cual casi no puedes escapar.
Alargue
Parados frente al precipicio, a punto de caer en el abismo de la derrota, vemos a las ganadores como seres excepcionales. Parecen flotar inmunes a la gravedad.
Es entonces cuando lanza la pelota al aire, y se siente flotando como llevado en brazos hacia un golpe y otro. No importando cuantos golpes se sucedan y aún cuando sea la derrota lo que encuentre al final del camino sabe que con el último golpe logrará subir al peldaño desde donde lograr triunfos futuros. Es el lugar donde todos quieren estar, es ‘la zona’. Es el punto de inflección en donde dejas de preocuparte de tus propios errores y empiezas a mirar el otro lado de la cancha, sin miedo, sin ansiedad, simplemente esperando que el maldito triunfo se aparezca y poder pegarle un pelotazo.

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