manifiesto formalista…

UNO. Toda persona puede ser un formalista, sin importar actividad, profesión u ocupación. Para ser un formalista no hay ceremonia de iniciación, mejor así. DOS. Nuestro único derecho está en formalizar. TRES. No hacemos nada al pie de la letra. CUATRO. Sabemos que todo tiene que ver con la invención de formas. CINCO. Decimos no a la imitación burda. SEIS. Somos Apolíneos y Dionisiacos, pero en el fondo sabemos que somos todos Apolíneos. SIETE. Nunca leemos de manera Hipersimplificada. OCHO. Sabemos que toda forma tiene algo que decir. NUEVE. Nuestro objetivo último es romper los límites entre lo culto y lo popular. DIEZ. Sabemos y asumimos que somos minoritarios, somos los menos tratando de ser aún menos. ONCE. Nos movemos sólo a través de una intuición de mundo, real e irreal a la vez. DOCE. Nuestra forma de leer es transversal, saltando de un tema a otro como quién cambia de camisa. TRECE. Entregar orden, homogeneizar, distribuir, simplificar, ocupar recursos conocidos, todo esto no pertenece en absoluto a los objetivos de los formalistas sino a los de la domesticación social. CATORCE. La forma es ninguna cosa capaz de convertirse en cualquier cosa. QUINCE. Sabemos que un detalle te puede revelar el universo. DIECISEIS. Nuestro objetivo es hacer plausible la idea de que toda forma no es más que la forma de una forma, forma traducible a todos los códigos posibles, y que este proceso no puede sino desembocar en nuevos códigos generadores de formas, éstas mismas generatrices y apetecibles. DIECISIETE. Ser formalista es ser Barroco; es siempre exagerar. DIECIOCHO. Es equivalente a pájaros que no pueden volar, perros que no pueden correr y hombres más altos que las puertas…no ya un “uso adecuado”. DIECINUEVE. Todos estamos haciendo cosas, más que artistas, que suena hueco y pomposo, somos artesanos, es decir gente que hace cosas. VEINTE. Para los formalistas aprender es una forma de coleccionar: citas y extractos de lecturas diarias, formas, imágenes y también ideas extravagantes. VEINTIUNO. Pensamos en una especie de rebelión por saturación, por desborde. No se trata de hacer menos sino de hacer más. Se trata de decir que no vamos a hacer un relato desprovisto de elementos anexos, sino que vamos a poner 15 relatos en uno. VEINTIDOS. ¿Quiénes somos entonces?, la mayoría de la veces somos simplemente la negación de todo lo que afirma nuestro interlocutor.
El último detective salvaje…

En el Café Martínez, hablo con Casimiro.
Mejor: En el café Martinez, Casimiro nos cuenta la historia de su vida, que para nosotros es una película. Conozco parte de la historia, ya que la he oído por partes, mitad en Santiago, mitad en Buenos Aires.
(1)
Casimiro tenía el talento de aprovechar una ciudad como Buenos Aires, ya que estando en su casa no había que cambiar de manzana para poder aprovechar algunas de las principales delicias de la vida. Así sin caminar más de una cuadra uno podía ir por ejemplo al café Martínez o a Solomía (las mejores carnes de Buenos Aires), además de poder solucionar algunos problemas domésticos como ir al supermercado o comprar uno que otro insumo para la casa, aunque estos problemas eran los que menos preocupaban a Casimiro para quien lo cotidiano no existía, para él la vida estaba hecha sólo de hechos notables e hizo de su vida una película donde sólo hay escenas de acción y uno la mira sentado en la punta del asiento.
(2)
La película es a la luz de las velas, como Barry Lyndon, la película de Kubrick que ha Casimiro tanto gustaba por los recursos visuales. Me lo imagino como a Redmond Barry, el protagonista, jugando a los naipes encantando a la multitud, la que está compuesta en su mayoría por chicas. Si embargo, a diferencia de Barry, Casimiro no fue por la vida buscando la promoción social ni menos los títulos de nobleza, lo suyo fue un deambular por el mundo en libertad, disfrutando cada momento como quien tiene los días contados. Casimiro siempre prefirió, en tiempos de escasez, gastarse los últimos pesos del mes en una buena trucha rellena preparada en un buen restorán a ahorrar o comprar cosas para la casa. Siempre prefirió vivir el momento y no en el largo plazo. En ese sentido fue un valiente, como el poeta que se adentra de noche solo en el cementerio.
(3)
Los efectos visuales de la película se logran a través de la modificación de una cámara Mitchell y de objetivos Zeiss de focal 50mm y de abertura F0.7, que yo no tengo idea que significa pero que Casimiro de seguro sí, siempre ligado al mundo del cine, la publicidad y lo audiovisual. El café Martinez era por lo general nuestro refugio matutino, desayunábamos un par de capuchinos con algún dulce. Ahí supe de su paso por Chile y por Brazil. Ahí supimos de la mejor trucha rellena del mundo que paradójicamente se sirve en el campamento minero de Chuquicamata que ya no existe, en el desierto más árido del mundo, a kilómetros del mar y de cualquier río. Ahí supimos de Barry Lyndon y de que es mejor usar el cinturón de seguridad en los aviones o de lo contrario puede uno terminar pegándose cabezazos contra el maletero por hacerse el lindo con alguna chica. Y entonces me dan ganas de decirle que yo siempre me pego cabezazos por culpa de las chicas, pero no por hacerme el lindo ni tampoco por ir en ningún avión.
(4)
Fue en una visita a Buenos Aires la última vez que lo vi. Fui con Lucho, quien iba a visitarlo como buen hijo que es. En cambio yo simplemente me aproveché de la ocasión para abusar de su hospitalidad y tomar unos días de descanso. Recuerdo que bajamos del avión cerca de la medianoche, tomamos un taxi a casa de Casimiro y al llegar, después de los abrazos respectivos, decidimos ir a Solomía. Pensé que era un poco tarde pero recordé que al otro lado de la coordillera los horarios están desplazados alrededor de 5 horas respecto de lo que nosotros acostumbramos. Después de una agradable comida y buena conversación, esperando para pagar la cuenta, nos vimos (los 3) moviendo nuestras cabezas al unísono en dirección a la puerta para ver salir a una chica de esas que hacen que se detenga la respiración. Ninguno atinó a decir nada, como si fuera una especie de homenaje el guardar silencio para no ensuciar una escena perfecta. Quizás sabíamos que en la película de nuestras vidas esa escena no tiene diálogos, quizás sólo el sonido de la zarabanda de Haendel, como en Barry Lyndon.
(5)
Leyendo a Piglia (otro argentino) caí en la cuenta de que Casimiro encarna a la perfección la figura del ‘detective’, protagonista de toda novela policial. Encontré sin quererlo, la mejor forma de definirlo: soltero, célibe, sin ataduras ni con el dinero ni con las mujeres, características esenciales de todo verdadero investigador. No formó parte de ninguna institución social, no tuvo partido ni Dios ni bandera que guiara su destino, ni siquiera cultivó, de la manera que estamos acostumbrados, la célula básica de la familia. Esa cualidad antiinstitucional garantizó su libertad.
Cito a Piglia: Porque es libre y no está determinado, porque está solo y excluído, el detective puede ver la perturbación social, detectar el mal y lanzarse a actuar. Pero no se trata de la locura, sino de la lucidez extrema. Es la figura misma del gran razonador.
(6)
Esa noche, cuando salíamos de Solomía, caminamos tranquilamente, nuevamente al unísono, por la vereda que nos conduciría a casa (Casimiro tenía la costumbre de tomarte el hombro al caminar, sobre todo de noche por seguridad). Ya llevábamos una media cuadra en silencio cuando Casimiro la tira: “Que lindas son las chicas lindas“, amarrando nuestra última escena en el restorán y dejando de paso estructurada toda nuestra película en ese viaje. Y no había mejor final porque la frase era perfecta y habla por sí sola. No había nada más que agregar.
Y justo cuando veo esbozar en mi rostro la misma sonrisa con que le contesté a Casimiro esa noche me dan ganas de parecerme más a él. Entonces decido que es hora de ir a dormir, he contado lo que conozco de su historia y la he entreverado con la mía, como debe ser. No he querido narrar otra cosa que la experiencia única de sentirlo narrar. Porque él fue para mí la pasión pura del relato. El último detective salvaje…
Aplausos…
Alberto Sartori Hevia…

Cuando se quiere hablar de Sartori, como de cualquier otra persona en estas circunstancias, uno tiende a buscar imagenes para recordarlo. Pero en su caso también hay sonidos o simplemente ruidos y gestos y muchas cosas más que recordar, de eso estoy seguro. El suyo fue un paso por el mundo con escándalo, en ningún caso pasó inadvertido.
Del lado de las imágenes se ve literalmente a un tipo fuera de lo común, eso sin duda. Se lo ve cruzando el patio de la escuela con un caminar que parecía que estuviera cojeando, como si se tratara de una reciente lesión del último partido de fútbol o de golf o de Ballet o de Atletismo o de Hockey o de lo que fuera, porque lo hizo practicamente todo y con él “todo” era poco. Lo recuerdo con la chaqueta sobre la cabeza imitando, según él, a su esposa al momento de recibir la comunión de cada día en la Iglesia. Lo recuerdo con la corbata verde para el día de Italia. Lo recuerdo con la pierna levantada en 120° imitando un paso de Ballet. Primer requisito para una biografía que no quiera pasar inadvertida: construir una imagen de sí mismo…
Del lado de los sonidos recuerdo su imitación del aullido de un perro. Según él, remedio perfecto para las noches de trabajo solitario en la escuela. También las óperas, los gritos, los retos y los gestos, además de la gran cantidad de sonidos usados para ejemplificar todo tipo de complejas operaciones arquitectónicas, las que seguramente tenían una traducción directa a la forma en un lenguaje propio que nunca pudimos descifrar. Primer requisito para una biografía que no quiera pasar inadvertida: la creación de un lenguaje propio…
No creo que Sartori sea recordado como un arquitecto demasiado relevante en el ámbito nacional a pesar de tener obras en gran cantidad y calidad, ya que fue antes que todo un profesor y es ahí donde pienso derrochó el máximo de sus energías y ganas. Él siempre se sintió cercano a la figura de Kahn (el profesor) y a la de Frank Lloyd Wright (el arquitecto). Es un hecho conocido que sentía gran admiración por ambos. Se podría decir que ellos fueron sus máximos referentes tanto al momento de proyectar como de enseñar. Le gustaba explicar la forma en que Kahn enseñaba, asegurando que la arquitectura se puede enseñar. Todos los que, dada la oportunidad de seguir una carrera docente lo hemos hecho, es porque tenemos de alguna manera la misma convicción.
No me gustaría aquí enumerar las cosas que Sartori nos enseño porque sería tedioso y poco prolijo, pero me quedo con algo que pienso marca de alguna forma la manera que tengo hoy de ver este oficio: Sartori fue el primero que nos hizo ver la importancia de la ‘forma’ de los objetos que producíamos. Siempre nos exigió que nuestros edificios se parecieran a algo. Así un hospital tenía que ‘parecer’ hospital o algo relacionado, lo mismo que una Cineteca o un colegio. Siguiendo, de alguna manera, la línea de enseñanza de John Hejduk en EEUU, en su taller primaba el lenguaje de las formas por sobre el del discurso. Y eso siempre se lo agradeceré. De esta manera las soluciones prestablecidas eran descartadas de antemano y teníamos que trabajar muy duro para encontrar nuevas figuras y estructuras que fuesen llamativas, atractivas y que nos entusiasmaran. Este ejercicio muchas veces se volvió gratuito y sin fundamentos pero sabíamos que con él era mejor arriesgar en los gestos y no pasar por “tímido” en el diseño, equivalente al peor de los males del arquitecto. Quizás toda su filosofía de la enseñanza de la arquitectura se reducía a la de Aristóteles, donde el maestro centra su objetivo en simplemente entusiasmar al alumno, para que éste luego aprenda por sí mismo. Puedo decir con seguridad que ese entusiasmo lo vivimos y que algunos lo seguimos viviendo aún hoy. Desde ese punto de vista el objetivo se cumplió. Primer requisito para una biografía que no quiera pasar inadvertida: la valentía del poeta de se atreve a orinar de rodillas…
Tuvo algunos incursiones en el bloque A de nuesta escuela donde se encuentra el área administrativa y docente. De estas incursiones las últimas fueron como Director de Departamento, donde siempre debido a su personalidad explosiva y sin filtros logró más de algún enemigo. Profesores de nuestra escuela de seguro peores que él tanto dentro como fuera de la cancha.
Sólo queda esperar que sigan existiendo figuras como las de Sartori que nos samarreen y nos saquen de vez en cuando de nuestra cómoda complacencia, aunque nos disguste. Profesores como él se encuentran cada vez menos en el ambiente universitario. De seguro una de las razones por las cuales vemos cada vez menos entusiasmo y ganas entre nuestros alumnos, a quienes les cuesta cada vez más encontrar la fascinación en lo que hacen. Primer requisito para una biografía que no quiera pasar inadvertida: hacer de la propia biografía una propuesta…
Creo que fue Gustav Mahler quien lo dijo: “Los hombres razonables me resultan aburridos, me gustan los que exageran.”
Aplausos.
contra la forma…

manifiesto. Vivimos tiempos en donde se confunde lo simple con lo fácil; lo ya probado con el profesionalismo; tener método con hacer todo al pie de la letra. Tiempos en donde es más fácil botar que reparar, adecuar y poner en valor. Se privilegia un ‘uso adecuado’ y ya no quedan espacios dentro de nuestras casas para la improvisación. Nuestra lectura de las cosas es hipersimplificada, tendemos a homogeneizar, distribuir, facilitar, apurar y abusar del ángulo recto. Finalmente Dionisio ha ganado la batalla.
Dionisio. Lo encontramos en las calles, en casi todos los edificios que vemos a diario, se lo ve dibujado en el perfil de nuestras ciudades, sobre todo de la periferia. Está presente en el trabajo, en el café matutino y en casi todos los objetos con que convivimos día a día. Está en nuestras Aulas, en el Estudio, en las miradas displicentes y sobre todo en el tedio que nos carcome como el peor de los males. Dionisio tiene la cara cuadrada. En él se privilegia el ángulo recto, en una relación con la realidad sin fisuras. Se opta por la caja que declara altanería y desprecio, la sencillez que esconde incompetencia. Dionisio se desentiende de las estructuras y privilegia las ideas instantáneas, el camino corto, y no ya las imágenes. Con él hay discursos. No hay fisuras ni menos figuras.
Apolo. ¿Y dónde diablos está el maricón de Apolo? Apolo se quedó escondido en la arquitectura de los años 70, en algunas casas de Jorge Swinburn Pereira (sólo algunas), en el centro de algunas ciudades que aún no han hechado abajo ni el espíritu extremadamente consumista de los FU, ni doña siútica o el señor alcalde, o los tres juntos. Cuando nos ponemos nostálgicos lo vamos a buscar en las curvas ¿Dónde han quedado las curvas? y las líneas quebradas que aún conservan algunos edificios de Kulchewsky y algunas casas con forma de barco. En algunos accesos de edificios, en algunas plazas (sin pasto ni juegos), en algunos edificios públicos y en alguna finta o algún amague de un jugador valiente que se olvidó de jugar por el resultado.
divergencia. ¿Y porqué no simplemente explorar en los intersticios, en la proliferación de sentidos, en la acción simbólica, en la cultura popular, en las intuiciones sugerentes, en la revuelta, en las razones de la pasión? ¿Y porqué no hacerlo con curiosidad infantil, sin expectativas de rendimiento ni de eficacia? ¿Porqué no aventurarse a proponer con el entorno, con la propia biografía, aunque sea sólo para volver a barajar las cartas?
imágenes. El espectáculo que nos invade se puede resumir en sólo dos imágenes: La primera es la imagen de un pez que se come a otro pez que se come a otro pez que se come a otro pez que se come a otro pez y así sucesivamente hasta el infinito. La segunda es una imagen de otro tiempo de un hombre que bebe apoyado en su lanza. La misma con la que se gana los chuscos de pan y el vino que bebe.
sueños. Somos ese espectáculo que nos invade y que ha llegado a ser nuestra propia vida imaginaria. Un sueño dentro de otro sueño.
forma vs enfermedad
forma 1 – enfermedad 0
Escribir sobre la enfermedad es siempre atractivo, pero mentiroso. La única manera de hacerlo realmente es en posición horizontal, mirando el techo desde la cama de un Hospital, esperando esos resultados que decidirán esa batalla entre la vida o la muerte ó la muerte en vida, que es casi lo mismo. La enfermedad es una batalla del cuerpo por no rendirse ante la catástrofe, al hálito de pestilencia y pudredumbre que nos llena y que indica que nuestras defensas están a punto de bajar los brazos, que ya te encuentras en el corredor de la muerte. Porque el cuerpo es débil, que duda cabe, y no siempre es capaz de seguir el ritmo, de bailar al compás.
forma 1 – enfermedad 1
El médico, como todos los días, se asomaba por la puerta a las 8 en punto. Para esa hora se suponía que mi cuerpo moribundo ya estaría con medicamentos, bañado, tomado desayuno y la cama hecha. Pero la realidad no era así gracias a la pelea que tenía con todo tipo de enfermeras y asistentes y que se venía librando desde las 5 y media de la mañana y que no me dejaba dormir. Cuando el médico aparecía la luz era casi inexistente por las cortinas cerradas y todo olía a muerte y destrucción. El panorama mostraba un cuerpo tendido sobre la cama, sin bañar y sin afeitar, en una posición completamente arbitraria, como si lo hubieran tirado ahí. Había preguntas de rigor, de buena crianza y de buena educación. Un manual para tratar al moribundo y también algunas excusas sobre cuando estaría el resultado de los exámenes. Requisito indispensable para ganar la guerra.
forma 2 – enfermedad 1
No hay enfermedades sino síntomas. De ahí su interés, porque se nos muestran como un crucigrama que es necesario descifrar y ponerle nombre. De ahí el interés por descubrir que es lo que nos sucede, que bichos nos comen por dentro. Descubrirlos es nombrarlos, y al hacerlo se logra una rara satisfacción, equivalente al detective que descubre al asesino que obviamente siempre es el mayordomo. Ciertas personas con tendencia a la Hipocondría y a la automedicación (todos conocemos a alguno) encuentran quizás precisamente ahí su satisfacción, en adelantar el pronostico aunque sea inventado. No importa que no sea cierto que tengo ésta u otra enfermedad. Basta con creerlo y vengan esas pastillas para terminar de asegurar esa sensanción de placer. Mientras más enfermedades mejor ya que son como cicatrices, heridas de guerra que se muestran con orgullo ante los ojos de otros tan sufridos como ellos en diálogos bizarros que sólo rozan la cordura.
forma 2 – enfermedad 2
Por su marcado acento mi médico era sin duda del otro lado de la cordillera. El entraba despreocupado y casi gritando un !Buenos días¡, como si fueran buenos, como no dándose cuenta de lo que allí sucedía. No se puede entrar así en medio de una batalla. Como mínimo se debe entrar medio agachado, agazapado por temor a que te llegue alguna bala. Hablando bajo para que no te escuche el enemigo. Los análisis siempre fueron desfavorables, por supuesto. Parecía que estar allí era una especie de rendición incondicional, aunque mi cuerpo seguía dando la batalla a brazo partido, y ésta venía firmada de antemano por un general al cual nosotros no conocíamos y que seguramente nos traicionó el muy maldito. Y mi médico era de su bando, si hasta tenía un anillo muy grande en su dedo meñique de la mano derecha. Seguramente una marca tenebrosa para reconocerse entre ellos.
forma 3 – enfermedad 2
“Pero también puede ser un acto liberador. Ejercer, durante unos minutos, la tiranía de la enfermedad, como esas viejitas que uno encuentra en las salas de espera de los ambulatorios y que se dedican a contar la parte clínica o médica o farmacológica de su vida, en vez de contar la parte política de su vida o la parte sexual o la parte laboral, es una tentación, una tentación diabólica, pero una tentación al fin y al cabo.” (Bolaño) Al igual que con Bolaño es el Hidago quien tiene al cuerpo entre la espada y pared. Quizás se trate del único organo que sea el receptáculo del aprendizaje poético. En él se hacen carne viva la comida, el alcohol, la automedicación y hasta enfermedades de transmisión sexual. Es el depositario de todos nuestros excesos, nuestras exageraciones. Bolaño lo sabía muy bien. Hizo de su médico Hepatólogo no sólo su médico de cabezera sino que también su amigo. Y aquí estamos, esperando el ascensor, Bolaño y Yo, para un nuevo control de los “índices”. Él sonrie y me dice que se me olvida un último síntoma del que tiene que hacerse cargo el Hígado. “El más importante”, me dice, mientras levanta un poco las cejas y se acomoda los lentes. “Y también el más maligno:…el aburrimiento“
forma 3 – enfermedad 3
El anillo tenía grandes letras en tres caras planas que rodeaban el dedo, lo que hacía ver el anillo de un aspecto rectangular. Logré ver que una de las letras coincidía con su apellido, las otras dos no pude reconocerlas. Usaba una ropa que correspondía a una moda antigua, de como hace 10 años. El tipo de camisa, así como la corbata y el marco de los anteojos de color dorado no coincidía con el aspecto de una persona de su edad. Lo que me hace pensar que quería parecer mayor. Lo que entre médicos es de gran utilidad. Mientras más experiencia en el campo de batalla se tenga, más te escuchan los soldados.
Alargue
El aburrimiento es el tedio. La derrota. …Yo creo (dice Bolaño analizando unos versos de Mallarmé) que Mallarmé está hablando de la enfermdad revestida con los trapos del aburrimiento. La imagen que Mallarmé construye sobre la enfermedad, sin embargo, es, de alguna manera, prístina: habla de la enfermedad como resignación, resignación de vivir o resignación de lo que sea. Es decir está hablando de derrota. (Bolaño) Y ahora que nos bajamos del ascensor y camino plácidamente por los campos junto a Bolaño, dejando la batalla atrás con sus luces y estrépitos pienso que este es el peor de los males, la resignación, la derrota que nos asola cada día. Y que a mí me tuvo a punto de palmarla y mi hígado fue el primero en saberlo. Que importa lo que haya comido, lo que haya bebido, los medicamentos que me haya autorecetado o las mujeres con que me haya acostado, si lo más importante era eludir al peor de los males: el aburrimiento y la resignación. La derrota inapelable.
…Comprendí -dijo Bolaño en ese momento de tranquilidad e infinita quietud- que los viajes, el sexo y los libros son caminos que no llevan a ninguna parte, y que sin embargo son caminos por los que hay que internarse y perderse para volverse a encontrar o para encontra algo, lo que sea, un libro, un gesto, un objeto perdido, para encontrar cualquier cosa, tal vez un método, con suerte: ‘lo nuevo’, lo que siempre ha estado allí…
Penales
Lo que mi acta de rendición impuesta no tenía planificado es que mi cuerpo y yo hicieramos una última jugada, una jugada desesperada, es cierto, una jugada del tipo del que sabe que va a morir irremediablemente pero que por lo menos quiere llevarse algunos del otro bando con él. Ese día cuando mi médico abrió la puerta el panorama era radicalmente opuesto a lo que se esperaba. Primera regla de Oro de toda batalla: atacar por sorpresa. Si hasta la gran cantidad de luz de la habitación le molestó al entrar y tuvo que cubrirse con el brazo. Las cortinas estaban abiertas de par en par; la cama hecha; el enfermo sentado, afeitado, bañado, desayunado y oloroso; si hasta una sonrisa (un poco desdibujada es cierto) se podía ver sin hacer mucho esfuerzo. Su cara fue de asombro, había recibido un certero tiro en el abdomen, letal a todas luces porque no atinaba a emitir palabra alguna. Sus últimas palabras fueron al teléfono, para pedir un formulario para dar el alta médica.
natalia…

…Por esos días, había que tener talento para no morirse. No cabíamos en nuestros calzones ni en nuestro sueño, caminábamos sin mirar para atrás, fumábamos como si fuera un acto de lucidez y tomábamos café negro para disipar el espanto…
Natalia es muchas cosas: Es una novela corta de 200 páginas, de un escritor chileno llamado Pablo Azocar; Es un nombre de mujer, el más bello de todos; Es equivalente a primavera y a verano, al pronunciarlo se siente el suave calor del sol en el rostro; Es una casa llena de niños y animales y risas y comida; Es también la habitación de Poe y de Proust, pero en la versión cinematográfica de Ruiz ampliada en escala 1.5 veces su tamaño. En esta habitación las ventanas están abiertas y entra una suave brisa. Hay muebles, pero no muchos. Hay que tener cuidado de no pisar al perrito que juega por el piso. Hay visitas todo el tiempo, personas venidas de todos lados para quienes las puertas siempre están abiertas. En el rincón más soleado hay siempre un hombre que duerme en el sillón, aunque no siempre es el mismo.
Natalia juega a ser Natalia, como quien se sabe un privilegiado. Y lo es. Su habitación es un campo donde la memoria y la moral juegan un juego cuyas reglas desconozco, pero el talento y la excelencia contemplan el juego y vaya que participan. La audacia y el valor también participan, pero sólo en momentos puntuales…el sufrimiento participa, el dolor participa, la muerte participa, pero con la condición de que jueguen riéndose.
Para jugar el juego hay que introducirse en su mecánica que es equivalente a decir en su biografía. Las reglas no están claras, por lo que el juego no es fácil. Sin embargo, ella parece siempre estar ajena a esa mecánica, en ella siempre hay otra cosa: una propuesta, un juego, un crucigrama que te dice acércate al espejo y mira. Quien lo haya intentado sabrá de que hablo. Para quienes fracasamos queda el consuelo de la valentía atribuída al intento, aunque fuese fallido. Sólo queda levantarse del sillón, aún domnoliento y emprender la retirada, no sin antes hacer un gesto de buena crianza, levantar mi sombrero y hacer una reverencia, como quien se despide ante una multitud.
…lo único que me queda por hacer es tomar un tarro de pintura y tapar el muro con una leyenda que diga Natalia Natalia Natalia Natalia Natalia Natalia Natalia Natalia Natalia Natalia Natalia Natalia y nadie podría volver a anotar algo en las paredes de la ciudad, porque no habría nada más que decir.
Al cabo de un rato llego otra vez a la Casona y cuando estoy pensando que me encontraré otra vez con la nada del potrero aparecen Melania, Vero y Guadalupe y me abrazan apretado, me piden que no me vaya y que juguemos una partida de póker. Yo me dejo caer en la gloriosa pechera de Guadalupe, carraspeo como para anunciar lo que se viene, a modo de confesión les digo que estoy un poco cansado…y desde alguna parte saco una de esas sonrisas inconclusas del tipo Buster Keaton, y aplaudo un poco, y trato con una morisqueta, y celebro no sé qué, y me río un poco más. Todo está bien, digo, ya durmiéndome, todo está bien…
disgresiones…
Ruiz se mueve con libertad. Prefiere la incoherencia a perder esa libertad. “Estimado” me dice, como es su costumbre. Toma su copa y bebe, nada nos apura, nada puede afectar nuestra tranquilidad. Ruiz se desplaza con fluidez por la conversación. Se va por las ramas, se desliza. Se saca de encima los temas que no le interesan y se prodiga en anécdotas atractivas e iluminadoras.
Primera disgresión: El presidente de Chilefilms, activado por los aperitivos, los abrazos, las actrices y los vinos, desarrolló un discurso que partió explicando la importancia que el pueblo de Chile le asignaba a la visita de estos insignes cineastas para rápidamente desviarse hacia el tema de la belleza de la mujer soviética representada en este grupo y continuar con una verdadera declaración de amor dicha a una de las actrices en un lenguaje un poco ridículo y a veces procaz. El secretario general de Chilefilms se acercó rápidamente al traductor ruso para solicitarle que le diera sus disculpas por el incidente a la delegación de cineastas soviéticos. El intérprete ruso le contestó que no era necesario porque siempre traducía lo mismo en estas ceremonias oficiales. Precisamente en el momento en que el presidente de Chile Films le declaraba su amor a una de las actrices él había traducido en ruso “el pueblo chileno ama la paz y espera que el futuro sea venturoso para ambos pueblos”.
Segunda disgresión: Un hombre entra a un salón de baile. Ve a una mujer de la que se enamora inmediatamente. La mujer está en el otro extremo del salón y para sacarla a bailar debe cruzar completamente la pista de baile. El hombre es muy tímido y cuando llega frente a la mujer que lo ha enamorado se paraliza y confunde sacando a bailar a la hermana que está sentada al lado. El hombre baila con la hermana de la mujer que amaba, la enamora, se casa y vive veinte años con ella.
“Proliferar significa crecer sin orden, dejarse caer, deslizarse. Me voy por las ramas porque no se hacerlo de otra manera”, dice Ruiz.
“Esto no es una declaración de principios. Para mí el deslizamiento es una tentación de la que no me puedo resistir. Por ejemplo ahora. Me imagino que estoy en una conferencia y que no puedo apagar este micrófono y que por él se escucha una voz que viene de un auto de carabineros. Yo le digo que está equivocado y que aquí estamos en una conversación sobre cine. El policía me pregunta cual es el tema que estamos discutiendo; yo le digo que estoy proponiendo eludir el conflicto central e irse por las ramas en la narración.
“El policía me dice que él no está de acuerdo por que la narración debe ser coherente y debe tener conflicto central y si no uno se va por la ramas…en fin, bueno y la conferencia termina con esta discusión con el carabinero del radio patrullas”.
Acordamos que al igual que los pintores la mejor forma de crear es trabajar el material todos los días.
Una rebelión por saturación, por desborde. No se trata de hacer menos sino de hacer más. Se trata de decir que no vamos a hacer un relato desprovisto de elementos anexos sino que vamos a poner 15 relatos en uno.
Al momento de despedirnos caminábamos con Ruiz por la calle vacía rumbo al poniente. Ruiz se había puesto su chaqueta sin reparar en que todavía mantenía remangadas las mangas de la camisa. Se le veían unos pequeños bultos en ambos brazos, justo arriba de los codos. Pasaron varias cuadras en donde no cruzamos palabra alguna. Mejor así, el silencio a veces es el mejor vehículo para la comunicación. Al momento en que nuestros rumbos se separaban, Ruiz la tira: “Ganamos”. Ganamos, dije yo también, sin entender. Pero es cierto, lo supe en ese momento. Ganamos.
amar en el campo…
No quiero vestirme. Me quiero quedar. Y me estoy cansando de la humanidad…La calle está vacía, como buen día de semana. La hora tampoco ayuda. Es el gusto por la cita, por ejemplo utilizar las citas y acumularlas hasta que florezcan es un procedimiento barroco.
Su imagen es un paisaje, en la punta de los pies y de lado mirando su propio reflejo. Ese instante contiene toda la belleza del mundo. Se puede ver la cordillera. El hombre es una mirada deseante que busca otra imagen detrás de todo lo que ve (Quignard)
Las calles son ríos. Cuantos ríos abrá que cruzar para amar en el campo…como antes, a su lado. Al final del día lo que todos buscamos son pequeñas gotas de luz. Ojalá hachazos de luz en días de tedio. Son afortunados los que tienen una segunda piel para recorrer.
Porque nena: ¿De que se trata todo esto, si no de mirarnos a los ojos? Me conoces, soy de piedra. El diablo no me llevará si sabe que descanso en paz.
la ciudad de la furia…
La ciudad es un rectángulo. No cabe duda. Nos movemos por sus calles lentamente como pidiendo permiso antes de dar cada paso. Quizás sea por que vamos con Casimiro y él nos impone el ritmo, quizás es porque estamos en una cuidad ajena, donde todo se hace más lentamente, “pensado las cosas”. Las cosas se ven diferentes, hay una luz o una atmósfera distinta, nada es en piloto automático.
Según Bolaño, son tres los peldaños necesarios para alcanzar el verdadero aprendizaje poético: los viajes, el sexo y los libros. Casimiro desde nuestra mesa ve salir una bella chica que los tres miramos disimuladamente. Y nos dice la única frase posible, la que todos pensábamos: “Que lindas son las chicas lindas”. Y es verdad, no había nada más que agregar.
De viajes nunca sabremos lo suficiente, parece imposible poder mantenernos en movimiento tanto como quisieramos, siempre nuestra naturaleza sedentaria parece que primara. Queda el consuelo de saber de Borges, Lezama Lima y Asimov que se movieron casi nada y llegaron a conocerlo casi todo. A propósito de Borges, recuerdo un texto en donde se le atribuía la idea de que la literatura se mueve a partir de temas o temáticas que nos son más de cuatro o cinco. Recuerdo ‘el amor’, ‘la muerte’, ‘los viajes’, y ‘el laberinto’. Incluso los viajes y el laberinto podrían funirse en una sola. Después a partir de esta idea Bolaño diría que ya que las temáticas son limitadas, la originalidad depende ahora de las “estructuras formales”.
“Navegar es necesario, vivir no es necesario” diría Mallarmé. Casimiro se mueve por la casa de memoria, abriendo y cerrando puertas, cada rincón le pertenece. Los días pasan rápido fuera de casa. Inmejorable el café Martinez por las mañanas y la conversación pausada, sin apuros. Nos movemos por una ciudad rectángular, las calles se suceden unas a otras. Vivimos la mejor de sus caras, las calles no tienen nombre. Cuando las puertas se abren la luz al otro lado es intensa, sólo hay que cerrar los ojos y subir un peldaño a la vez…
el copiloto del Impala…
¿qué hay detrás de la ventana?
La figura muestra una ventana de líneas segmentadas. A continuación la pregunta. Es el final de los “Detectives Salvajes”, la novela de Bolaño. Un final que en realidad es un principio. Un final abierto que abre un espacio por donde puedes meter la cabeza y mirar. Al interior la luz es muy intensa, cuando la vista comienza a acostumbrarse a la luz se pueden distinguir algunas figuras, siluetas maravillosas, la mayoría de ellas irreconocibles. Son las formas de lo que podemos hacer que suceda. Todo comienzo requiere de un acto de valentía (mirar por la ventana es mirar al vacío). Esto lo hago sentado en el asiento del copiloto del auto donde termina la novela.
He decidido comenzar este Blog para explorar el mundo de las ‘estructuras formales’ desde la escritura. Como decía Bolaño, la originalidad depende hoy de las “estructuras formales” y no ya de las ‘temáticas’ (o ideas), que son limitadas y no más de cinco. Decir escritura significa también decir literatura y arquitectura y pintura y música (sobre todo música) y escultura, o sea significa decir ‘Forma’. Y es cierto -no más rodeos- soy formalista.
Aspiro a hacer descubrimientos y seguir fascinándome con ellos. He, desde siempre, praticado el viejo arte de la Filatelia y he decidido compartir el resultado de este proceso con quién se interese. Los textos aquí presentes están compuestos de otros tantos textos, sus dis-lecturas en cuanto fragmentos encontrados. No sé quien conduce.
Aplausos.





deja un comentario