manifiesto formalista…

UNO. Toda persona puede ser un formalista, sin importar actividad, profesión u ocupación. Para ser un formalista no hay ceremonia de iniciación, mejor así. DOS. Nuestro único derecho está en formalizar. TRES. No hacemos nada al pie de la letra. CUATRO. Sabemos que todo tiene que ver con la invención de formas. CINCO. Decimos no a la imitación burda. SEIS. Somos Apolíneos y Dionisiacos, pero en el fondo sabemos que somos todos Apolíneos. SIETE. Nunca leemos de manera Hipersimplificada. OCHO. Sabemos que toda forma tiene algo que decir. NUEVE. Nuestro objetivo último es romper los límites entre lo culto y lo popular. DIEZ. Sabemos y asumimos que somos minoritarios, somos los menos tratando de ser aún menos. ONCE. Nos movemos sólo a través de una intuición de mundo, real e irreal a la vez. DOCE. Nuestra forma de leer es transversal, saltando de un tema a otro como quién cambia de camisa. TRECE. Entregar orden, homogeneizar, distribuir, simplificar, ocupar recursos conocidos, todo esto no pertenece en absoluto a los objetivos de los formalistas sino a los de la domesticación social. CATORCE. La forma es ninguna cosa capaz de convertirse en cualquier cosa. QUINCE. Sabemos que un detalle te puede revelar el universo. DIECISEIS. Nuestro objetivo es hacer plausible la idea de que toda forma no es más que la forma de una forma, forma traducible a todos los códigos posibles, y que este proceso no puede sino desembocar en nuevos códigos generadores de formas, éstas mismas generatrices y apetecibles. DIECISIETE. Ser formalista es ser Barroco; es siempre exagerar. DIECIOCHO. Es equivalente a pájaros que no pueden volar, perros que no pueden correr y hombres más altos que las puertas…no ya un “uso adecuado”. DIECINUEVE. Todos estamos haciendo cosas, más que artistas, que suena hueco y pomposo, somos artesanos, es decir gente que hace cosas. VEINTE. Para los formalistas aprender es una forma de coleccionar: citas y extractos de lecturas diarias, formas, imágenes y también ideas extravagantes. VEINTIUNO. Pensamos en una especie de rebelión por saturación, por desborde. No se trata de hacer menos sino de hacer más. Se trata de decir que no vamos a hacer un relato desprovisto de elementos anexos, sino que vamos a poner 15 relatos en uno. VEINTIDOS. ¿Quiénes somos entonces?, la mayoría de la veces somos simplemente la negación de todo lo que afirma nuestro interlocutor.
El último detective salvaje…

En el Café Martínez, hablo con Casimiro.
Mejor: En el café Martinez, Casimiro nos cuenta la historia de su vida, que para nosotros es una película. Conozco parte de la historia, ya que la he oído por partes, mitad en Santiago, mitad en Buenos Aires.
(1)
Casimiro tenía el talento de aprovechar una ciudad como Buenos Aires, ya que estando en su casa no había que cambiar de manzana para poder aprovechar algunas de las principales delicias de la vida. Así sin caminar más de una cuadra uno podía ir por ejemplo al café Martínez o a Solomía (las mejores carnes de Buenos Aires), además de poder solucionar algunos problemas domésticos como ir al supermercado o comprar uno que otro insumo para la casa, aunque estos problemas eran los que menos preocupaban a Casimiro para quien lo cotidiano no existía, para él la vida estaba hecha sólo de hechos notables e hizo de su vida una película donde sólo hay escenas de acción y uno la mira sentado en la punta del asiento.
(2)
La película es a la luz de las velas, como Barry Lyndon, la película de Kubrick que ha Casimiro tanto gustaba por los recursos visuales. Me lo imagino como a Redmond Barry, el protagonista, jugando a los naipes encantando a la multitud, la que está compuesta en su mayoría por chicas. Si embargo, a diferencia de Barry, Casimiro no fue por la vida buscando la promoción social ni menos los títulos de nobleza, lo suyo fue un deambular por el mundo en libertad, disfrutando cada momento como quien tiene los días contados. Casimiro siempre prefirió, en tiempos de escasez, gastarse los últimos pesos del mes en una buena trucha rellena preparada en un buen restorán a ahorrar o comprar cosas para la casa. Siempre prefirió vivir el momento y no en el largo plazo. En ese sentido fue un valiente, como el poeta que se adentra de noche solo en el cementerio.
(3)
Los efectos visuales de la película se logran a través de la modificación de una cámara Mitchell y de objetivos Zeiss de focal 50mm y de abertura F0.7, que yo no tengo idea que significa pero que Casimiro de seguro sí, siempre ligado al mundo del cine, la publicidad y lo audiovisual. El café Martinez era por lo general nuestro refugio matutino, desayunábamos un par de capuchinos con algún dulce. Ahí supe de su paso por Chile y por Brazil. Ahí supimos de la mejor trucha rellena del mundo que paradójicamente se sirve en el campamento minero de Chuquicamata que ya no existe, en el desierto más árido del mundo, a kilómetros del mar y de cualquier río. Ahí supimos de Barry Lyndon y de que es mejor usar el cinturón de seguridad en los aviones o de lo contrario puede uno terminar pegándose cabezazos contra el maletero por hacerse el lindo con alguna chica. Y entonces me dan ganas de decirle que yo siempre me pego cabezazos por culpa de las chicas, pero no por hacerme el lindo ni tampoco por ir en ningún avión.
(4)
Fue en una visita a Buenos Aires la última vez que lo vi. Fui con Lucho, quien iba a visitarlo como buen hijo que es. En cambio yo simplemente me aproveché de la ocasión para abusar de su hospitalidad y tomar unos días de descanso. Recuerdo que bajamos del avión cerca de la medianoche, tomamos un taxi a casa de Casimiro y al llegar, después de los abrazos respectivos, decidimos ir a Solomía. Pensé que era un poco tarde pero recordé que al otro lado de la coordillera los horarios están desplazados alrededor de 5 horas respecto de lo que nosotros acostumbramos. Después de una agradable comida y buena conversación, esperando para pagar la cuenta, nos vimos (los 3) moviendo nuestras cabezas al unísono en dirección a la puerta para ver salir a una chica de esas que hacen que se detenga la respiración. Ninguno atinó a decir nada, como si fuera una especie de homenaje el guardar silencio para no ensuciar una escena perfecta. Quizás sabíamos que en la película de nuestras vidas esa escena no tiene diálogos, quizás sólo el sonido de la zarabanda de Haendel, como en Barry Lyndon.
(5)
Leyendo a Piglia (otro argentino) caí en la cuenta de que Casimiro encarna a la perfección la figura del ‘detective’, protagonista de toda novela policial. Encontré sin quererlo, la mejor forma de definirlo: soltero, célibe, sin ataduras ni con el dinero ni con las mujeres, características esenciales de todo verdadero investigador. No formó parte de ninguna institución social, no tuvo partido ni Dios ni bandera que guiara su destino, ni siquiera cultivó, de la manera que estamos acostumbrados, la célula básica de la familia. Esa cualidad antiinstitucional garantizó su libertad.
Cito a Piglia: Porque es libre y no está determinado, porque está solo y excluído, el detective puede ver la perturbación social, detectar el mal y lanzarse a actuar. Pero no se trata de la locura, sino de la lucidez extrema. Es la figura misma del gran razonador.
(6)
Esa noche, cuando salíamos de Solomía, caminamos tranquilamente, nuevamente al unísono, por la vereda que nos conduciría a casa (Casimiro tenía la costumbre de tomarte el hombro al caminar, sobre todo de noche por seguridad). Ya llevábamos una media cuadra en silencio cuando Casimiro la tira: “Que lindas son las chicas lindas“, amarrando nuestra última escena en el restorán y dejando de paso estructurada toda nuestra película en ese viaje. Y no había mejor final porque la frase era perfecta y habla por sí sola. No había nada más que agregar.
Y justo cuando veo esbozar en mi rostro la misma sonrisa con que le contesté a Casimiro esa noche me dan ganas de parecerme más a él. Entonces decido que es hora de ir a dormir, he contado lo que conozco de su historia y la he entreverado con la mía, como debe ser. No he querido narrar otra cosa que la experiencia única de sentirlo narrar. Porque él fue para mí la pasión pura del relato. El último detective salvaje…
Aplausos…
Historia abreviada de la literatura portátil…
…Cada vez me parece más evidente que nosotros, los portátiles, hemos venido al mundo para expresar el fondo más secreto y recóndito de nuestra naturaleza. Esto es lo que nos separa de nuestros tibios contemporáneos. Y es que creo que estamos profundamente unidos al espíritu de la época, a los problemas subyacentes que la acosan y le dan su tono y carácter. Somos siempre duales en apariencia, y lo somos por cuanto encarnamos lo nuevo y lo viejo al mismo tiempo. Nosotros tenemos nuestras raíces en el mismo futuro que tan hondamente nos preocupa. Tenemos dos ritmos, dos rostros, dos interpretaciones. Estamos integrados con la transición, con el flujo. Sabios en un nuevo estilo, nuestro lenguaje es críptico, voluble y chiflado. Tan críptico como esta postal que está llegando a su término: una postal que, en el fondo, no pretende más que informarte de nuestra gran fiebre creadora y de nuestra constante exaltación del gusto por las expresiones literarias breves: una postal que alaba el lenguaje expedito y que denuncia el gesto pretencioso y universal del libro…
…A los shandys sus instintos de coleccionistas les fueron bien útiles. Aprender era una forma de coleccionar, como en las citas y extractos de las lecturas diarias que ellos acumulaban en cuadernos de notas que transportaban a todas partes y que solían, a menudo, leer en sus reuniones de conjurados de café. Pensar era también, para ellos, una forma de coleccionar, por lo menos en sus etapas más tempranas. Anotaban concienzudamente ideas extravagantes: desarrollaban miniensayos en cartas a amigos; reescribían planos para proyectos futuros; apuntaban sus sueños; llevaban listas numeradas de todos los libros portátiles que leían…
…pues el arte del vagabundeo por las calles de la imaginación revela la verdadera naturaleza de la historia de la ciudad moderna y nos conduce a las puertas de ese edificio singular, donde vive el último shandy.
Se trata de alguien que abarca su vida como un espacio en el que se puede trazar un mapa. Y es alguien que ya en Port Actif, fundando la sociedad secreta, se considera un melancólico al que la soledad le parece el único estado humano apropiado: la soledad en la gran metrópoli o la ocupación del paseador ocioso, libre para soñar despierto. Se considera un melancólico, pues vino al mundo bajo el signo de Saturno, que es la estrella de revolución más lenta, el planeta de los desvíos y las dilaciones. Y bajo ese signo se pierde, como buen paseante ocioso, en el laberinto de odradeks donde lentamente se rompe el hielo del Moldava…
…Para el último shandy, para quien su libro es otro espacio donde pasear, el verdadero impulso cuando lo miran es bajar los ojos, mirar a un rincón, bajar la cabeza hacia el cuaderno de notas, o mejor esconderla tras el muro portátil de su libro…
Allende, la señora Lucía y yo…
“-Tengo la certeza de que mi sacrificio no será en vano.”
Cresta, cresta, cresta: ahí empezábamos a despedirnos.
A partir de ese deplorable discurso con ribetes éticos, aunque desprovisto de toda instrucción concreta, los ánimos de la población adicta al gobierno comenzaron a declinar de manera ostensible. Llegó poco después al Palacio de La Moneda el compañero Hernán del Canto, que militaba en el ala más fogosa del socialismo duro, con cara de ratón a pedir instrucciones. ¿Qué hacemos? Buena pregunta. Un importante ministro sugirió entonces, fíjense ustedes en lo atinado de la idea, rodear La Moneda con un escudo de cientos de miles de trabajadores. ¡Un escudo humano de gente, a ver si resultaba, mierda! Altamirano, el implacable Altamirano, el feroz Altamirano, estaba desaparecido, doblado en cuatro dentro de su Fiat 600 en algún lugar seguro o a lo mejor no tan seguro. Volodia y Corvalán en otros lugares inseguros o seguros. Mireya Baltra en otro lugar inseguro o seguro. Gazmuri y Garretón, sin y con barba respectivamente, estaban a su vez en lugares o inseguros o seguros. Los generales de carabineros que, o bien despistados o bien en razón del cumplimiento cabal de sus obligaciones constitucionales, habían llegado hasta La Moneda, decidieron retirarse majestuosamente. La guardia de Palacio, compuesta por carabineros de gran estatura y brillo en las botas, hizo lo propio. Clap, clap, clap, su firme taconeo se fue alejando por el patio hasta salir a la calle. Los detectives de Palacio saludaron emocionadamente, el compañerismo es el compañerismo, gracias por los agradables tiempos pasados en este grato lugar, y se fueron. Los ministros que llegaron hasta el poco prometedor recinto buscaron cada cual su modo de ausentarse. En la ciudad de Santiago y en el resto del largo y conmocionado país los trabajadores de la patria estaban en sus puestos de trabajo o en sus puestos en sus casas o en sus puestos en el water. Estaba la manza zorra. El perro Olivares instaló una delgadísima ametralladora, aunque ametralladora al fin, que le valió un comentario ácido de don Edgardo Enríquez: mal estamos cuando los periodistas tienen que sacar armas para defenderse. El GAP se rindió de a poco, y sus efectivos fueron brotando desde la puerta de Morandé a la manera de un montoncito de cuerpos en cascada, con unos trapos blancos como bandera. Olivares, finalmente, se quitó la vida. Allende mandó a sus hijas y mujeres a salir de La Moneda. Estaba la mansa mierda. ¿Adónde envió a sus mujeres e hijas? Salgan de aquí, por lo que más quieran, ya, váyanse. ¿Adónde envió a los trabajadores? A la nada misma. ¿Dónde estaban los entusiastas dirigentes del Gobierno Popular del doctor Allende, los líderes de los partidos de izquierda, el pueblo organizado, los sindicatos obreros y campesinos, la juventud de la patria, la orgullosa mujer chilena, el pampino de rostro curtido por el sol, el pescador, el estudiante? Desaparecidos, chupados, desconcertados, desintegrados, mirando para arriba los aviones, loreando por la puerta, más nerviosos que la chucha. ¿Dónde estaban los partidarios fervorosos del proceso de tránsito hacia el socialismo?
natalia…

…Por esos días, había que tener talento para no morirse. No cabíamos en nuestros calzones ni en nuestro sueño, caminábamos sin mirar para atrás, fumábamos como si fuera un acto de lucidez y tomábamos café negro para disipar el espanto…
Natalia es muchas cosas: Es una novela corta de 200 páginas, de un escritor chileno llamado Pablo Azocar; Es un nombre de mujer, el más bello de todos; Es equivalente a primavera y a verano, al pronunciarlo se siente el suave calor del sol en el rostro; Es una casa llena de niños y animales y risas y comida; Es también la habitación de Poe y de Proust, pero en la versión cinematográfica de Ruiz ampliada en escala 1.5 veces su tamaño. En esta habitación las ventanas están abiertas y entra una suave brisa. Hay muebles, pero no muchos. Hay que tener cuidado de no pisar al perrito que juega por el piso. Hay visitas todo el tiempo, personas venidas de todos lados para quienes las puertas siempre están abiertas. En el rincón más soleado hay siempre un hombre que duerme en el sillón, aunque no siempre es el mismo.
Natalia juega a ser Natalia, como quien se sabe un privilegiado. Y lo es. Su habitación es un campo donde la memoria y la moral juegan un juego cuyas reglas desconozco, pero el talento y la excelencia contemplan el juego y vaya que participan. La audacia y el valor también participan, pero sólo en momentos puntuales…el sufrimiento participa, el dolor participa, la muerte participa, pero con la condición de que jueguen riéndose.
Para jugar el juego hay que introducirse en su mecánica que es equivalente a decir en su biografía. Las reglas no están claras, por lo que el juego no es fácil. Sin embargo, ella parece siempre estar ajena a esa mecánica, en ella siempre hay otra cosa: una propuesta, un juego, un crucigrama que te dice acércate al espejo y mira. Quien lo haya intentado sabrá de que hablo. Para quienes fracasamos queda el consuelo de la valentía atribuída al intento, aunque fuese fallido. Sólo queda levantarse del sillón, aún domnoliento y emprender la retirada, no sin antes hacer un gesto de buena crianza, levantar mi sombrero y hacer una reverencia, como quien se despide ante una multitud.
…lo único que me queda por hacer es tomar un tarro de pintura y tapar el muro con una leyenda que diga Natalia Natalia Natalia Natalia Natalia Natalia Natalia Natalia Natalia Natalia Natalia Natalia y nadie podría volver a anotar algo en las paredes de la ciudad, porque no habría nada más que decir.
Al cabo de un rato llego otra vez a la Casona y cuando estoy pensando que me encontraré otra vez con la nada del potrero aparecen Melania, Vero y Guadalupe y me abrazan apretado, me piden que no me vaya y que juguemos una partida de póker. Yo me dejo caer en la gloriosa pechera de Guadalupe, carraspeo como para anunciar lo que se viene, a modo de confesión les digo que estoy un poco cansado…y desde alguna parte saco una de esas sonrisas inconclusas del tipo Buster Keaton, y aplaudo un poco, y trato con una morisqueta, y celebro no sé qué, y me río un poco más. Todo está bien, digo, ya durmiéndome, todo está bien…
literatura+enfermedad=enfermedad
ENFERMEDAD Y DIONISIO
Aunque la verdad de la verdad, la puritita verdad, es que me cuesta mucho admitirlo. Esa explosión seminal, esos cúmulos y cirros que cubren nuestra geografía imaginaria, terminan por entristecer a cualquiera. Follar cuando no se tienen fuerzas para follar puede ser hermoso y hasta épico. Luego puede convertirse en una pesadilla. Sin embargo no hay más remedio que admitirlo. Miren, por ejemplo, las cárceles de México. Aparece un tipo no precisamente agraciado, chaparro, seboso, panzón, bizco, y que encima es malo y huele mal. Este tipo, cuya sombra se desplaza con una lentitud exasperante por las paredes de la cárcel o por los pasillos interiores de la cárcel, al poco tiempo de estar allí se hace amante de otro tipo, igual de feo pero más fuerte. No ha habido un romance prolongado, un romance lleno de pasos y de estaciones. No ha habido una afinidad electiva tal como la entendía Goethe. Ha sido una amor a primera vista, primario, si ustedes quieren, pero cuya finalidad no difiere mucho de la finalidad buscada por tantas parejas normales o que nos parecen normales. Son novios. Sus galanteos, sus deliquios, son como radiografías. Follan cada noche. A veces se pegan. Otras veces se cuentan sus vidas, como si fueran amigos, aunque en realidad no son amigos sino amantes. Los domingos, incluso, ambos reciben las visitas de sus respectivas mujeres, que son tan feas como ellos. Obviamente ninguno de los dos es lo que llamaríamos un homosexual. Si alguien se los echara en cara probablemente ellos se enojarían tanto, se sentirían tan ofendidos, que primero violarían brutalmente al ofensor y luego lo asesinarían. Esto es así. Victor Hugo, que según Daudet era capaz de comerse una naranja entera de un solo bocado, prueba máxima de salud, según Daudet, típico gesto de cerdo, según mi mujer, dejó escrito en Los miserables que la gente oscura, la gente atroz, es capaz de experimentar una felicidad oscura, una felicidad atroz….Esa gente atroz, como decía, cuya felicidad es atroz, son aquellos rufianes que acogen a Cosette cuando Cosette aún es una niña, y que encarnan a la perfección no sólo el mal y la mezquindad de cierta pequeña burguesía o de aquello que aspira a formar parte de la pequeña burguesía, sino que con el paso del tiempo y los avances del progreso encarnan, a estas alturas de la historia, a casi la totalidad de lo que hoy llamamos clase media, una clase media de izquierda o de derecha, culta o analfabeta, ladrona o de apariencia proba, gente provista de buena salud, gente preocupada en cuidar su buena salud, gente exactamente igual (probablemente menos violenta y menos valiente, más prudente, más discreta) que los dos pistoleros mexicanos que viven su amor encerrados en un penal. Dionisio lo ha invadido todo. Está instalado en las Iglesias y en las ONG, en el gobierno y en las casas reales, en las oficinas y en los barrios de chabolas. La culpa de todo la tiene Dionisio. El vencedor es Dionisio. Y su antagonista o contrapartida ni siquiera es Apolo, sino don Pijo o doña Siútica o don Cursi o doña Neurona Solitaria, guardaespaldas dispuestos a pasarse al enemigo a la primera detonación sospechosa.
ENFERMEDAD Y APOLO
¿Y dónde diablos está el maricón de Apolo? Apolo está enfermo, grave.
disgresiones…
Ruiz se mueve con libertad. Prefiere la incoherencia a perder esa libertad. “Estimado” me dice, como es su costumbre. Toma su copa y bebe, nada nos apura, nada puede afectar nuestra tranquilidad. Ruiz se desplaza con fluidez por la conversación. Se va por las ramas, se desliza. Se saca de encima los temas que no le interesan y se prodiga en anécdotas atractivas e iluminadoras.
Primera disgresión: El presidente de Chilefilms, activado por los aperitivos, los abrazos, las actrices y los vinos, desarrolló un discurso que partió explicando la importancia que el pueblo de Chile le asignaba a la visita de estos insignes cineastas para rápidamente desviarse hacia el tema de la belleza de la mujer soviética representada en este grupo y continuar con una verdadera declaración de amor dicha a una de las actrices en un lenguaje un poco ridículo y a veces procaz. El secretario general de Chilefilms se acercó rápidamente al traductor ruso para solicitarle que le diera sus disculpas por el incidente a la delegación de cineastas soviéticos. El intérprete ruso le contestó que no era necesario porque siempre traducía lo mismo en estas ceremonias oficiales. Precisamente en el momento en que el presidente de Chile Films le declaraba su amor a una de las actrices él había traducido en ruso “el pueblo chileno ama la paz y espera que el futuro sea venturoso para ambos pueblos”.
Segunda disgresión: Un hombre entra a un salón de baile. Ve a una mujer de la que se enamora inmediatamente. La mujer está en el otro extremo del salón y para sacarla a bailar debe cruzar completamente la pista de baile. El hombre es muy tímido y cuando llega frente a la mujer que lo ha enamorado se paraliza y confunde sacando a bailar a la hermana que está sentada al lado. El hombre baila con la hermana de la mujer que amaba, la enamora, se casa y vive veinte años con ella.
“Proliferar significa crecer sin orden, dejarse caer, deslizarse. Me voy por las ramas porque no se hacerlo de otra manera”, dice Ruiz.
“Esto no es una declaración de principios. Para mí el deslizamiento es una tentación de la que no me puedo resistir. Por ejemplo ahora. Me imagino que estoy en una conferencia y que no puedo apagar este micrófono y que por él se escucha una voz que viene de un auto de carabineros. Yo le digo que está equivocado y que aquí estamos en una conversación sobre cine. El policía me pregunta cual es el tema que estamos discutiendo; yo le digo que estoy proponiendo eludir el conflicto central e irse por las ramas en la narración.
“El policía me dice que él no está de acuerdo por que la narración debe ser coherente y debe tener conflicto central y si no uno se va por la ramas…en fin, bueno y la conferencia termina con esta discusión con el carabinero del radio patrullas”.
Acordamos que al igual que los pintores la mejor forma de crear es trabajar el material todos los días.
Una rebelión por saturación, por desborde. No se trata de hacer menos sino de hacer más. Se trata de decir que no vamos a hacer un relato desprovisto de elementos anexos sino que vamos a poner 15 relatos en uno.
Al momento de despedirnos caminábamos con Ruiz por la calle vacía rumbo al poniente. Ruiz se había puesto su chaqueta sin reparar en que todavía mantenía remangadas las mangas de la camisa. Se le veían unos pequeños bultos en ambos brazos, justo arriba de los codos. Pasaron varias cuadras en donde no cruzamos palabra alguna. Mejor así, el silencio a veces es el mejor vehículo para la comunicación. Al momento en que nuestros rumbos se separaban, Ruiz la tira: “Ganamos”. Ganamos, dije yo también, sin entender. Pero es cierto, lo supe en ese momento. Ganamos.
Mexicanos perdidos en México (1975)…
“Escuché voces, me llamaban, a mi lado pasó el coche de Quim, vi la silueta de Alberto que bajaba del Camaro y de un salto estaba junto al coche en donde iban mis amigos. Sus acompañantes, sin bajarse, le gritaban que rompiera una de las ventanas del Impala. ¿Por qué no acelera?, pensé. El padrote de Lupe empezó a patear las puertas. Vi las caras de los matones en el interior del Camaro. Uno de ellos fumaba un puro. Vi el rostro de Ulises y sus manos que se movían por el tablero de mandos del coche de Quim. Vi la cara de Belano que miraba impasible al padrote, como si la cosa no fuera con él. Vi a Lupe que se tapaba la cara en el asiento trasero. Pensé que el vidrio de la puerta no iba a resistir otra patada y de un salto me vi junto a Alberto. Luego vi que Alberto se tambaleaba. Olía a alcohol, seguramente ellos también habían estado celebrando el fin de año. Vi mi puño derecho (el único libre pues en la otra mano llevaba mis libros) que se proyectaba otra vez sobre el cuerpo del padrote y en esta ocasión lo vi caer. Sentí que me llamaban de la casa y no me volví. Pateé el cuerpo que estaba a mis pies y vi el Impala que por fin se movia. Vi salir a los dos matones del Camaro y los vi dirigirse hacia mí. Vi que Lupe me miraba desde el interior del coche y que abría la puerta. Supe que siempre había querido marcharme. Entré y antes de que pudiera cerrar Ulises aceleró de golpe. Oí un disparo o algo que parecía un disparo. Nos han disparado, hijos de la chingada, dijo Lupe. Me volví y a través de la ventana trasera vi una sombra en medio de la calle. En esa sombra, enmarcada por la ventana estrictamente rectangular del Impala, se concentraba toda la tristeza del mundo. Son fuegos artificiales, oí que decía Belano mientras nuestro coche daba un salto y dejaba atrás la casa de las hermanas Font, el Camaro de los matones, la calle Colima y en menos de dos segundos ya estábamos en la avenida Oaxaca y nos perdíamos en dirección al norte del DF”.
el copiloto del Impala…
¿qué hay detrás de la ventana?
La figura muestra una ventana de líneas segmentadas. A continuación la pregunta. Es el final de los “Detectives Salvajes”, la novela de Bolaño. Un final que en realidad es un principio. Un final abierto que abre un espacio por donde puedes meter la cabeza y mirar. Al interior la luz es muy intensa, cuando la vista comienza a acostumbrarse a la luz se pueden distinguir algunas figuras, siluetas maravillosas, la mayoría de ellas irreconocibles. Son las formas de lo que podemos hacer que suceda. Todo comienzo requiere de un acto de valentía (mirar por la ventana es mirar al vacío). Esto lo hago sentado en el asiento del copiloto del auto donde termina la novela.
He decidido comenzar este Blog para explorar el mundo de las ‘estructuras formales’ desde la escritura. Como decía Bolaño, la originalidad depende hoy de las “estructuras formales” y no ya de las ‘temáticas’ (o ideas), que son limitadas y no más de cinco. Decir escritura significa también decir literatura y arquitectura y pintura y música (sobre todo música) y escultura, o sea significa decir ‘Forma’. Y es cierto -no más rodeos- soy formalista.
Aspiro a hacer descubrimientos y seguir fascinándome con ellos. He, desde siempre, praticado el viejo arte de la Filatelia y he decidido compartir el resultado de este proceso con quién se interese. Los textos aquí presentes están compuestos de otros tantos textos, sus dis-lecturas en cuanto fragmentos encontrados. No sé quien conduce.
Aplausos.






