natalia…

…Por esos días, había que tener talento para no morirse. No cabíamos en nuestros calzones ni en nuestro sueño, caminábamos sin mirar para atrás, fumábamos como si fuera un acto de lucidez y tomábamos café negro para disipar el espanto…
Natalia es muchas cosas: Es una novela corta de 200 páginas, de un escritor chileno llamado Pablo Azocar; Es un nombre de mujer, el más bello de todos; Es equivalente a primavera y a verano, al pronunciarlo se siente el suave calor del sol en el rostro; Es una casa llena de niños y animales y risas y comida; Es también la habitación de Poe y de Proust, pero en la versión cinematográfica de Ruiz ampliada en escala 1.5 veces su tamaño. En esta habitación las ventanas están abiertas y entra una suave brisa. Hay muebles, pero no muchos. Hay que tener cuidado de no pisar al perrito que juega por el piso. Hay visitas todo el tiempo, personas venidas de todos lados para quienes las puertas siempre están abiertas. En el rincón más soleado hay siempre un hombre que duerme en el sillón, aunque no siempre es el mismo.
Natalia juega a ser Natalia, como quien se sabe un privilegiado. Y lo es. Su habitación es un campo donde la memoria y la moral juegan un juego cuyas reglas desconozco, pero el talento y la excelencia contemplan el juego y vaya que participan. La audacia y el valor también participan, pero sólo en momentos puntuales…el sufrimiento participa, el dolor participa, la muerte participa, pero con la condición de que jueguen riéndose.
Para jugar el juego hay que introducirse en su mecánica que es equivalente a decir en su biografía. Las reglas no están claras, por lo que el juego no es fácil. Sin embargo, ella parece siempre estar ajena a esa mecánica, en ella siempre hay otra cosa: una propuesta, un juego, un crucigrama que te dice acércate al espejo y mira. Quien lo haya intentado sabrá de que hablo. Para quienes fracasamos queda el consuelo de la valentía atribuída al intento, aunque fuese fallido. Sólo queda levantarse del sillón, aún domnoliento y emprender la retirada, no sin antes hacer un gesto de buena crianza, levantar mi sombrero y hacer una reverencia, como quien se despide ante una multitud.
…lo único que me queda por hacer es tomar un tarro de pintura y tapar el muro con una leyenda que diga Natalia Natalia Natalia Natalia Natalia Natalia Natalia Natalia Natalia Natalia Natalia Natalia y nadie podría volver a anotar algo en las paredes de la ciudad, porque no habría nada más que decir.
Al cabo de un rato llego otra vez a la Casona y cuando estoy pensando que me encontraré otra vez con la nada del potrero aparecen Melania, Vero y Guadalupe y me abrazan apretado, me piden que no me vaya y que juguemos una partida de póker. Yo me dejo caer en la gloriosa pechera de Guadalupe, carraspeo como para anunciar lo que se viene, a modo de confesión les digo que estoy un poco cansado…y desde alguna parte saco una de esas sonrisas inconclusas del tipo Buster Keaton, y aplaudo un poco, y trato con una morisqueta, y celebro no sé qué, y me río un poco más. Todo está bien, digo, ya durmiéndome, todo está bien…
deja un comentario